La ofrenda Musico-Lógica

"Asombrarse es la esencia de la vida" M.C. Escher "El hecho de que yo mismo no comprenda el significado de mis escritos en el momento de redactarlos, no quiere decir que no lo tengan" Paráfrasis de Salvador Dalí

Nombre: Salvati
Ubicación: Uruguay

domingo, mayo 28, 2006

En algun lugar de Europa, hace 30 años...

Mientras tanto...



¿Que será de esta historia? ¿Que misterios se envuelven en estas notas? Pronto todo se develará. No se pierda la proxima entrega de... "El Código Salvati" (a sugerencia de MR)

Continuará...

viernes, mayo 05, 2006

En una Nevada Iglesia...

Mmm... parece que esos 4 cellos estuvieran orando... y las 2 violas bendiciendo...
Algo huele mal aqui...

Continuará...

martes, abril 25, 2006

Suavemente pintame, con la tixotropía meneandome el pincel


Para quien, como el que escribe, debe hacer mantenimiento hogareño regularmente, el uso de las pinturas no le es ajeno. El relato que viene a continuación descubre algunas propiedades curiosas e importantes de estos coloridos fluidos…

Imaginemos que, luego de una intensa noche de juerga en nuestra casa, decidamos por fin hacerle caso a la vieja y pintar aquella pared del cuarto en donde los hongos hicieron su residencia habitual. Pero por caprichos del Dios Baco, confundimos el alcohol con pintura. Luego de un rato, algo nos llama la atención: lo fácil con que se extiende, casi sin darnos trabajo, pero rápidamente se chorrea dejando la pared intacta. Ante semejante sacrilegio y desperdicio de bálsamo escocés (para no herir susceptibilidades no quise decir que se trataba de un Johnnie Etiqueta Azul), nos reponemos un poco y decidimos ir al garaje a buscar una verdadera pintura.
Quiso el destino (¿o la resaca?) jugarnos una mala pasada cuando el abuelo, días antes, confundió el boyón de la miel con el del barniz (ahora entiendo su intoxicación…) y yo, muy confiado cual Van Gogh biauricular, vuelvo al cuarto a terminar mi “fresco”. Pero resulta que ahora si bien no me chorrea, tengo un trabajo de locos para poder extender mi “pintura”. Rápidamente deduje que era miel, ya que la habitación era un hervidero de moscas y hormigas. Decidí dejar todo por un rato y ponerme a pensar sobre lo que me había sucedido. En primera instancia, creí que una suscripción a Alcohólicos Anónimos no me vendría nada mal, pero luego descarté la idea, ya que estaba descubriendo curiosas propiedades…
El alcohol, tiene muy poca resistencia para fluir, pero la miel, sin embargo, ofrece mucha, a tal punto que es dificultoso vaciar un pote rápidamente. Esta propiedad se llama “viscosidad” y es muy importante para todos los fluidos a tal punto que varios se definen a través de ella. Para medirla, podemos hacerlo con la ayuda de un embudo y registrando el tiempo que demora el líquido en vaciarlo. Sin embargo no es una prueba adecuada para medir la extensibilidad de una pintura. A tales efectos se realiza el siguiente ensayo: se puede colocar cierta capa de pintura entre dos capas paralelas y luego desplazar la placa superior, pero manteniendo constante el espesor de la lámina de fluido. (Es similar a extender un mazo de cartas sobre una mesa).
Ahora observamos otro interesante fenómeno: para ciertos fluidos la fuerza que aplicamos para mover la placa y la velocidad que ésta desarrolla es proporcional. A tales fluidos se les llama (redoble de timbales) "newtonianos" (por ser I. Newton el primero en describirlo –quien iba a ser si no…-). Las pinturas newtonianas son difíciles de usar por su tendencia a fluir. Los colores de acuarela por ejemplo, constituidos por una pequeña cantidad de pigmentos suspendidos en agua, fluyen casi como esta. Ahora bien, una gota puede arruinar el dibujo. Para evitar que chorree de nada sirve aumentar la viscosidad, cuesta extender la miel, pero seguro que fluirá despacio por su propio peso después que hayamos untado una superficie. (Por ejemplo una tostada que, como afirma la Ley de Murphy, siempre caerá del lado de la memelada…).
En 1920, Eugene Bingham, extrañado de que algunas pinturas no fluyeran como la miel, estudio su comportamiento y describió el siguiente fenómeno. Colocando las pinturas en una copa como la descrita anteriormente vio que algunas de ellas dejaban de gotear aún quedando algo de fluido en su interior… ¿Qué ocurre al llenar otra vez la copa? La pintura vuelve a fluir hasta que alcanza el nivel anterior y nuevamente el flujo se detiene. Se laman fluidos de Bingham a los que se comportan de esa manera, Las fuerzas que provocan el movimiento deben llegar primero a valor mínimo para que el flujo comience. Mientras que no llegue a ese valor mínimo se deformará como un sólido. Estos son los llamados fluidos de Bingham. Ejemplos de ellos son la pasta de dientes, la manteca, etc…
Supongo que los lectores se deben estar tirando de los pelos, porque desde chiquitos suponemos creer la diferencia entre liquido y sólido, y como se acaba de ver, hay sustancias “travestidas”… con propiedades de los dos tipos de estado. Pero… como decía mi abuelita: “Hay de todo en la viña del Señor…”
Si no hubiera pinturas que se comportaran como fluidos de Bingham los pintores de paredes no podrían trabajar con eficacia. Cuando ejercen una fuerza tirando del pincel, la pintura se extiende, en cambio se fija cuando el pincel abandona la misma, pues su propio peso no basta para hacerla chorrear.

Ahora presumo que algún lector (curioso y juguetón) le ha pasado lo mismo que a mi: Una vez me lleve algo medio duro a la boca, que al menearlo entre los dientes y con la ayuda de la lengua, se convirtió en una sustancia media viscosa… y cuanto más la meneaba, más liquida se quedaba… Me gusto y lo probé en otras oportunidades: la del Tío Pancho era la mejor… bien durita al principio, cuando entraba en la boca se iba poniendo cada vez más calentita hasta que, casi sin darte cuenta, ¡me la tragaba toda!. Pero más fue el asombro un día que la escupí, para observar de que se podía poner durita de nuevo… ¡Qué extraña propiedad que tiene la gelatina! Esta cualidad, recibe el nombre técnico de tixotropía cuya definición sería “sustancias que cuando se agitan se comportan como un líquido y que al dejarlas reposar vuelven a su estado natural”.
Mmm… mi sagacidad sospecha de que esto tiene algo que ver con las pinturas… veamos:
A menudo un pintor deseará rehacer parte de su trabajo (porque la cagó en alguna parte o porque quiere probar algo distinto). En las pinturas al óleo esto es posible pues tienen un tiempo de secado prolongado. Así el pintor tiene todo el tiempo que quiera para añadir y combinar colores lo que facilita la obtención de múltiples matices. Sin embargo cuando quiere cambiar de color, ¿cómo puede evitar que las capas se mezclen? Para resolver este problema inventaron en el siglo XVII el aceite de Flandes.
Estas pinturas van a tener un comportamiento tixotrópico. Cuando se agitan se fluidifican y se comportan como un fluido de Bingham, basta una pequeña fuerza para extenderla. Luego dejada a si misma, se fija pero sin secarse. Siempre es posible extenderla si se aplica la fuerza adecuada con el pincel. Para recubrirla sin que se mezcle, el pintor debe dar unas pinceladas muy suaves, lo suficiente para superar el umbral de la nueva capa, pero no tanto como para hacerlo con la capa a recubrir. Si se desean mezclar solo es necesario aplicar el pincel con más fuerza.
Así los artistas del siglo XVII consiguieron su ideal, una pintura que se extiende con facilidad y se fija, pero manteniéndose fresca, se deja recubrir con facilidad o se puede mezclar según el artista lo desee. ¿Qué talco?

jueves, abril 20, 2006

Como ser un buen escritor (Charles Bukowsky)

Debo reconocer, caros lectores asiduos de este blog, que se ha desvirtuado un poco el fin del mismo, pues ultimamente mi musa inspiracion ha tomado otros rumbos bastante mas banales... por eso he decidido volver a las raices y ofrecerles algo de buena cultura. Que lo disfruten!

Tienes que cojerte a muchas mujeres
bellas mujeres
y escribir unos pocos poemas de amor decentes
y no te preocupes por la edad
y los nuevos talentos.
Sólo toma más cerveza, más y más cerveza.
Anda al hipódromo por lo menos una vez a la semana
y gana si es posible.
Aprender a ganar es difícil,
cualquier pendejo puede ser un buen perdedor.
Y no olvides tu Brahms, tu Bach y tu cerveza.
No te exijas. duerme hasta el mediodía.
Evita las tarjetas de crédito o pagar cualquier cosa en término.
Acuérdate de que no hay un pedazo de culo
en este mundo que valga más de 50 dólares (en 1977).
Y si tienes capacidad de amar ámate a ti mismo primero
pero siempre sé consciente de la posibilidad de la total derrota
ya sea por buenas o malas razones.
Un sabor temprano de la muerte
no es necesariamente una mala cosa.
Quédate afuera de las iglesias y los bares
y los museos y como las arañas, sé paciente,
el tiempo es la cruz de todos.
Más el exilio la derrota la traición toda esa basura.
Quédate con la cerveza,la cerveza es continua sangre.
Una amante continua.
Agarra una buena máquina de escribir
y mientras los pasos van y vienen más allá de tu ventana
dale duro a esa cosa, dale duro.
Haz de eso una pelea de peso pesado.
Haz como el toro en la primer embestida
y recuerda a los perros viejos,
que pelearon tan bien: Hemingway, Celine, Dostoievski, Hamsun.
Si crees que no se volvieron locos en habitaciones minúsculas
como te está pasando a ti ahora, sin mujeres sin comida sin esperanza...
Entonces no estás listo toma más cerveza.
Hay tiempo. y si no hay, está bien igual.

Yo tengo unas "Patricias" en casa y "El clave bien temperado" prontos en casa...

miércoles, abril 12, 2006

Las 10 Marujas Pitucas

Un rastra puede armase un porrito con 3 tucas. Tiene 10. ¿Cómo logra darse una buena papa y pirar con 5 fasos?

Con las 10 tucas, arma 3 fasos y le sobra una pituca (de más meeennn!!!)

Fuma 3 porros, y tiene luego 4 tucas, con 3 de las cuales arma un 4 porro que fuma (y conversa con Gandi en el diome). Al final le quedan 2 pitucas. (bien grossas)

Manguea otra tuca a un flaco que deambula por la vuelta, arma un 5 faso, lo fuma y le sobra otra tuquita, que la puede o bien devolvérsela al flaco o dársela a Bob Marley en su feliz transe.

Ha disfrutado, pues, de 5 hermosos porrazos…

jueves, abril 06, 2006

Veni Carambulus (El regreso)

En un comentario de PCXO, se preguntó acerca del ancho de las carreteras actuales, y si éste tenía relación con el de las carreteras romanas. La respuesta, como se pudo imaginar, es afirmativa, pero como posee ciertas curiosidades, vale la pena aclarar algunos detalles.

Cuando nuestros antepasados pusieron su imaginación a rodar e inventaron (o descubrieron) la rueda, casi inmediatamente vieron la luz una avalancha de ingenios. Entre ellos, mencionaremos el carro: primeramente tirado por los propios hombres (o mejor dicho por algunos desgraciados), para luego ser arrastrado por diferentes tipos de animales (caballos, bueyes, burros, etc.). Asimismo, se hizo necesario el mejoramiento de los arcaicos caminos existentes; permitiendo, de esta forma, expandir la incipiente civilización. Notó que, mejorando la superficie, haciéndola cada vez más plana, lograba disminuir la fuerza que tenía que hacer para mover una determinada carga, esto es disminuir el coeficiente de rozamiento entre la rueda y el pavimento. Alguien, (seguramente con más agudeza intelectual que el que redacta este articulo) observó el hecho de que si esa superficie era de madera -o piedra- este coeficiente era aún menor. Como sólo se necesitaba una franja del área mencionada (donde apoya la rueda), se establecieron las bases rudimentarias para la invención de la vía. Algún tiempo más paso y la humanidad experimentó con metales; notó que este material disminuía aún más el coeficiente de fricción (y que era mucho mas cortante y punzante que los cuchillos de piedra contra el enemigo!). Efectivamente, se han encontrado restos de vías de bronce en las inmediaciones de las Pirámides de Gizeh, así como en el Istmo de Suez.
Las carreteras romanas, fueron entonces diseñadas para que pudieran albergar a los carros, permitiendo el cruce de 2 carros sin interferencia. Esta distancia es aproximadamente 5,7 metros, lo que significa 2,85 metros por senda, suficiente espacio para un carro de 2,10 metros. En el Uruguay de hoy, el máximo ancho permitido para vehiculos de carga es de 2,60 metros, o sea que se adaptaría a la carretera romana (si bien tendria algunos problemas para maniobrar). Dicho sea de paso, los camiones mas anchos que existen, todavía no llegan a medir 2,85 (y es dificil que lleguen a ese valor, pues seria muy incomodo para la visibilidad de los otros vehiculos).

martes, marzo 28, 2006

Las Legiones de Carambulus

Las carreteras y caminos 2000 años después...…
El Gobernador de Costa Auriferum (entre otros parajes) Cayo Marcus Carambulus, deambulaba muy apenado entre lo cráteres de sus intransitables calzadas…
-Ohhh! Por Mercurio, ¿por qué no puedo darles a mis Romanos los caminos que se merecen? ¿Por qué Bacus Hackembruch las ha dejado en este estado? Tal vez la ayuda del Praetor Victorius Rossius venga a mi ayuda, y me consiga 50.000 nobles legionarios para reparar semejante desastre…


El crecimiento sostenido del sistema romano de calzadas hasta llegar a un máximo de 90.000 kilómetros construidos se desarrolló siguiendo un esquema lógico. En principio, todas las calzadas principales se construyeron por y para el ejército, por lo que muchas de ellas se adentraban más allá del dominio romano, hasta los territorios hostiles del otro lado de la frontera. Paralelamente, trajo consigo unos enormes beneficios a la vida civil, fomentando y desarrollando el comercio y la cultura por citar algunos puntos.
La carretera más famosa es probablemente la primera, la Via Appia, que se construyó en el 321 A.C.. Procopio, un griego, la describía 800 años después diciendo que era tan perfecta que parecía obra de la Naturaleza, no del hombre, pues las uniones entre las piedras apenas eran perceptibles. Ideada y construida siguiendo un diseño monumental, esta calzada sobrevive aún hoy día manteniendo su superficie original durante tramos larguísimos. Ahora bien, no se la puede considerar como un ejemplo típico de la carretera romana, ya que, como en otros aspectos, la genialidad de los romanos consistía en la adaptación de sus métodos a los recursos que ofrecía cada región.

El trazado de la ruta

De toda la vida sabemos que la distancia más pequeña entre 2 puntos es una recta (a pesar de que el alcohol muchas veces nos haga creer lo contrario), y como el ingenio reside nada más que en un sentido común agudo, fue la solución más lógica que encontraron los romanos. Sin embargo, esta solución es simplísima en teoría, pero en la práctica… ¿cómo trazar una perfecta línea recta entre puntos que están a cientos o a veces miles de kilómetros? Todavía esto es un misterio, puesto que no disponían ni de mapas fiables a escala, ni de brújulas y, según cuenta Vitruvio, el único GPS que tenían lo habían arrojado por un acantilado porque no era lo suficientemente preciso… Debemos aclarar, que la rectitud a veces no era perfecta, existen tramos zigzagueantes de algunos kilómetros de longitud, pero esto no era por impericia romana, sino porque a veces era más natural bordear una colina que ascenderla, o evitar un río caudaloso que tener que hacer un puente costosísimo, (por citar algunos ejemplos). Una de las teorías que explica esta increíble precisión (envidia de cualquier topógrafo actual) era que se utilizara una línea de señales luminosas, quizá por la noche, aunque es más probable que se hiciera al amanecer o a la puesta del sol. Desde cada una de estas señales se veían la anterior y la siguiente, y mediante un difícil y tedioso proceso de ajuste, se iban moviendo hasta formar una línea recta que se convertía en el trazado provisional.

La estructura de las calzadas romanas

¿Cuál es el objeto de la construcción de una calzada? Esta pregunta parece estúpida para nuestros tiempos, -no para los habitantes de Costa Auriferum- empero para quien ha transitado un camino rural en épocas lluviosas sabe lo dificultoso que es no empantanarse hasta los ejes o no caerse en un pozo. Pues bien, la primera función es proporcionar una superficie lo mas plana posible, que evite el empantanamiento a través de una rápida evacuación de agua en caso de lluvia. Para lograr esto, el camino diseñado debe ser tal que permita una correcta distribución de cargas a capas más profundas; conjuntamente con una pendiente para el desalojo del agua.


En la imagen, vemos el “sándwich romano” (sano y nutritivo por demás): una primera capa compuesta de losetas con una cara muy plana (adivine pa que lado va la cara plana!), un núcleo o nucleum que podía ser arena o arcilla apisonada, un rudo o rudum de grava y un statumen compuesto de piedras grandes que servían de sostén… y … ¿la diferencia con las actuales carreteras? Prácticamente… ¡ninguna! Cambiemos la palabra “pavimento” por capa de rodadura, “núcleo” por base, “rudo-statumen” por subbase, llegando al terreno natural (subrasante).
La fuerza de la calzada residía en sus cimientos, el statumen. Cada subsuelo (o subrasante) requería un tipo difrente de cimientos. Es decir: el sándwich romano, si viajaba a Africa, no necesitaba prepararse demasiado, pero si se le ocurría ir a recoger tulipanes a los países bajos ahí tenia que vestirse muy bien… ¡y cómo! Dado que allí la tierra es de naturaleza muy pantanosa, no había más remedio que construir la calzada entera sobre una plataforma de troncos y malezas. He aquí donde el ingeniero romano se destacaba: sabía sortear las dificultades con los materiales que tenía disponible en la zona.

Los soldados del camino

Lo cierto es que en el formidable cuerpo militar romano no había especialistas pontoneros, minadores, arquitectos o zapadores, y que todo legionario era capaz de ponerse manos a la obra y construir lo que se necesitara. Según se sabe, se le oyó decir a Cayo Julio César lo siguiente:
-(…)¡Ya va siendo hora, me he dicho a mi mismo, de qué esos cunni de soldados que tengo en mis legiones vuelvan a hacer lo que mejor saben hacer! ¿Qué es lo que hacéis mejor, muchachos?
-¡Cavar!-
respondieron los soldados echándose a reír.
A diferencia de las milicias latinoamericanas actuales, que lo único que saben hacer es criar panzas en sus cuarteles, los soldados romanos hacían sus propias calzadas. ¡Y qué orgullosos estaban de eso! Porque además, trabajar duramente resultaba ser un excelente ejercicio para sus próximas batallas, fomentando un espíritu de compañerismo.
La movilidad obtenida gracias a las calzadas brindaban una flexibilidad al ejército romano envidiable. Esto permitía tener una pequeña pero muy bien entrenada tropa, capaz de recorrer entre 30 y 40 kilómetros por día A PIE, e inclusive hasta 50 en el caso de las legiones de Julio César. Seguramente, detrás del PC se oirá: ¡50 km en un día, qué poquito!… Pues bien, veamos lo que llevaba un romano:
Cada legionario marchaba con la cabeza descubierta, armado de coraza, cinturón, espada y daga. El pilum era portado en la mano derecha, mientras que apoyado en el hombro izquierdo, en una vara, colgaba el casco y el escudo, en su respectiva funda. En el petate se incluía ración de cereal para cinco días, legumbres y tocino, aceite, plato y taza de bronce, enseres de aseo, ropa de repuesto, la capa pluvial y ropa de abrigo; una manta, un cesto de mimbre plano para remover la tierra y recuerdos y talismanes personales; alguna herramienta para cavar, y dos estacas de las que luego formarían la empalizada del campamento se amarraban sólidamente a la estructura del petate, conformando un bloque sólido que no estorbaba la marcha. Entre cada 8 hombres (el octeto), que iban a ocupar una tienda, se repartían algunos enseres comunes: la levadura, el pedernal, la sal, una lámpara y su aceite,... alrededor de 30 kilos para cada legionario.
Y 50 km por día, suponiendo una jornada de 10 horas de marcha ininterrumpida significan unos 5 km/h o dicho de otra forma aproximadamente 1,4 metros por segundo. ¡Qué linda clase de fitness!

You’ve got mail! (Servicio de ADSL de la época)

Fecha Duración del viaje y detalles del mismo
4 DC Mensajero especial de Licia a Roma. 3.100 km en 36 días.
43 DC El emperador Claudio, desde Marsella a Boulogne 870 km en 10 días
68 DC Mensajero especial de Roma a Clunia. 2.000 km en 6 días y medio
69 DC Mensajero especial de Mainz a Reims y luego a Roma. 2.100km en 9 días
193 DC Correo imperial de Roma a Alejandría por tierra. 3.500km en 63 o 64 días

-(…)¡Ya va siendo hora, me he dicho a mi mismo, de qué esos cunni de funcionarios que tengo en mi municipio vuelvan a hacer lo que mejor saben hacer! ¿Qué es lo que hacéis mejor, muchachos?
-¡Cebo!- exclamaron los zánganos y se echaron a dormir…


Cayo Marcus Carambulus